
Este mes nos guió Romanos 12:10: “Ámense como hermanos, y respétense siempre”. Entendemos el respeto como la capacidad de reconocer y valorar la dignidad del otro a través de acciones concretas.
¿Por qué repetir el valor del respeto una y otra vez?
Porque una cosa es la teoría y otra la práctica. La repetición constante es el puente para transformar el conocimiento en hábito: solo con insistencia consciente logramos que el respeto deje de ser un ideal y se convierta en una realidad cotidiana.
El respeto empieza en casa
Invitamos a las familias a hacer del respeto el eje de sus diálogos en el hogar y a reflexionar juntos: ¿cómo podemos ser más coherentes y responsables en nuestra forma de tratarnos cada día? La semilla del respeto, cultivada con paciencia y ejemplo en casa, es el fundamento más sólido para nuestros estudiantes.
Nuestra espiritualidad en acción
Durante mayo, los estudiantes vivieron espacios de reflexión a través de los Encuentros con Cristo y los devocionales:
- Respeto y coherencia: a partir de Mateo 27, reflexionaron sobre la presión social y la importancia de mantener la coherencia personal y valorar la dignidad humana.
- Coherencia y merezco tu respeto: descubrieron herramientas para responder al irrespeto sin perder la calma, como los monosílabos, los elogios y el silencio.
- Usar las gafas adecuadas: aprendieron a mirar las situaciones cotidianas a través de los valores y el amor al prójimo.
- Gobierna tu mente: en Secundaria, una entrevista dramatizada entre el cerebro reptiliano, el sistema límbico y el neocórtex invitó a actuar con equilibrio y sabiduría.
¿Qué tanto brillamos hoy?
La práctica de los valores se reflejó en nuestro sistema de incentivos: con estrellas y puntos, los estudiantes fueron reconocidos por su compromiso. Llegar a la cima no es fruto del azar, sino del trabajo, la disciplina y el compromiso de vivir los valores en cada circunstancia.
Lo que viene: Semana de la Oración Americanista
Nos preparamos para la Semana de la Oración Americanista, un tiempo para elevar juntos una plegaria por nuestro país, por las necesidades del mundo y por los proyectos de cada hogar. “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).
“Padre Celestial, te damos gracias por el regalo de nuestras familias. Ayúdanos a transformar cada lección en un gesto amable, en una respuesta coherente y en un compromiso renovado por tratarnos como hermanos. Amén.”
Oración del mes
Este artículo hace parte del Boletín N.° 4 · Mayo 2026
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